
Llegar desde la calle a mi casa debería no ser muy complicado. Las casas indefectiblemente tienen pensado algún tipo de acceso, por lo tanto tienen pensado que alguien efectivamente entre.
Mi casa tiene la particularidad de ser un departamento pero sin vecinos. Es una esquina, con local abajo. Lo usan como depósito, sólo tengo contacto con ellos cada mil años cuando alguien entra. El “contacto” es que oigo el sonido de la puerta.
Para acceder desde la calle hay una puerta que da un pasillo donde se divisan otras dos puertas, cada una con reja. La mía es la del fondo. Después de mi reja hay una puerta de madera, vieja, con vidrio repartido. Recién del otro lado yo diría que “es mi casa”, aunque en el pasillo compartido hice pintar una guarda excesivamente psicodélica ( ellos nunca vienen, no creo que les moleste).
Este trayecto que incluye sortear 3 puertas es de solo dos metros. Ha generado alguna que otra vez tarareos de la canción del agente 86 (si estas en edad de ser flogger seguro pensás que hablo de la película, no no, hablo de la serie, yo la veía). La reja tiene dos cerraduras, obviamente uso una sola. Es como un poco mucho.
Un detalle más: la luz. Interruptor a mitad del pasillo. Volverse, cerrar la primer puerta, volverse, abrir la reja, abrir la puerta de madera, prender la luz de adentro, volverse apagar la luz, cerrar la reja y cerrar la puerta.
Ya dentro nos espera un poco más de pasillo, del mismo ancho (el de una puerta y monedas) y del largo justo para que entre una bicicleta de adulto. Después una escalera, muy cómoda, pero… escalera al fin.
Pero llegar a la escalera no es tan simple, y eso es culpa mía. Parece que he destinado últimamente este espacio a amontonar algunas cosas que por equis motivo quiero tener cerca de la salida. Alguna pertenencia de alguien para devolver, un perchero desarmado para llevar al taller, etc. No olvidemos que si dije que de largo entra una bici, es porque efectivamente, hay una bici. La peor parte es el manubrio. Las instrucciones para entrarla y sacarla demandarían gráficos para acelerar la explicación, así que los voy a obviar.
Hoy entrando caí en la cuenta de que mi casa tiene una interfaz con el exterior bastante jodida, no imposible, pero complicada, y donde no lo es, la tuneo para conseguirlo. Yo no tengo perro, así que en este caso no hay perro que se parezca al dueño, y el gato Rubén no se me parece, los gatos son más vivos.
Así que: ¿podemos decir que las casas se parecen a sus dueños? En mi caso, al menos, es un voto positivo.
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