martes, 13 de abril de 2010

SUFRIMIENTO AUTOINFLINGIDO (I) Si no se es masoquista, uno es tonto o se hace??


¿Cuántas veces nos encontramos pensando en que somos infrahumanos cuando no por error sino por falta de raciocinio cometemos acciones que terminan convirtiéndose en sufrimiento autoinflingido? Sabíamos que iba a pasar, ya nos había pasado, y lo hicimos igual… Hay miles, acá dejo algunos.

-El momento de la ingesta del bolo alimenticio a temperatura no recomendada.
Una madre gritaría “está que pela!”. No hacemos caso, lo engullimos igual, propinándonos todo tipo de lesiones a paladar, lengua, y tranquea. Uno tiende a pensar que nada puede estar taaan caliente, o que con el contacto con la saliva la temperatura va a mermar. Error, nos quemamos, y quedamos impedidos a sentir ningún tipo de sabor por algunas horas/días. No importa cuánto abra uno la boca y deje circular el aire, hay gente que incluso se abanica con la mano como si esto fuera una solución. La zona de contacto se quema señores.

-La ingesta de un bolo alimenticio de tamaño excesivo.
Al ítem anterior le toca muy de cerca, el protagonista es el mismo, la comida. ¿Qué nos pasa que no nos damos cuenta que, si la boca ya advierte que el bocado esta excedido en volumen, igual lo tragamos? Ya no hay retorno, hace su lenta procesión, mientras nosotros nos hacemos conscientes del trayecto que hace la comida hasta llegar al estomago sintiéndola como si fuese del tamaño de una pelota de tenis.

-Ni hablar que la suma de los dos anteriores es un buen justificativo para pensar seriamente en volverse anoréxico por fobia a los alimentos.

-Sujetar objetos que sabemos que tienen una temperatura elevada sin ayuda de algún accesorio.
Para algo existen esas “cositas” tejidas en forma circular, o un repasador, o lo que sea. El problema es que al simple tacto quizás no sea un calor insoportable, pero si le agregamos la presión de la mano y un tiempo considerable es evidente que nos vamos a quemar. Ejemplos comunes: sujetar la olla mientras colamos los fideos, o la pava y por supuesto tomar un alimento caliente (si es pan la quemadura es inminente) para llevarlo velozmente a la boca (ver primer ítem).

Saliendo del ambiente culinario se pueden encontrar muchos otros, como

-Ponerse otra vez esa prenda que sabemos que nos aprieta o genera incomodidad, pero seguimos creyendo que esta vez no lo hará.
“Se va a estirar”, “no me queda tan corta”, blablablá y muchos mas blablablases. Solo conseguimos pies lastimados, circulación cortada, problemas para respirar, mostrar partes del cuerpo que no era idea dar a conocer, etc. Se agrava la situación si de la prenda que hablamos es una remera, y es una de esas que “transpiran solas”. Te la pones, recién bañado, y al instante huele a fugazzeta.

-Hacer un esfuerzo físico para el que no estamos preparados, sea por destreza, conocimiento de la técnica o capacidad.
No sabemos lo que es elongar y pretendemos levantar peso y que al día siguiente no nos duela nada. De todo te puede pasar haciendo algo así, igual lo haces, porque no te parece tanto. Se complica cuando empezás a ver que a tu edad ya no se recupera como antes, es más, que te podes joder bien jodido por haberte hecho el genio jugando con un sobrino.

-Tenías que llegar temprano, te pusiste el despertador y lo apagaste, ódiate, porque la culpa es solo tuya.

Y ahora tiro una, que es muy personal, pero quizás alguien me acompañe en el sentimiento.
“Anda al baño” me dicen los que me conocen y saben que si cruzo las piernas en forma ridícula o hago algunos movimientos reiterados con los miembros inferiores es porque mi cuerpo pide ir al baño y yo no lo escucho. Tengo como una fijación nefasta desde que era chica: me embola ir al baño a pillar. No sé, me da fiaca, pierdo tiempo, me distrae, etc. Entonces, como estoy acostumbrada a “esperar” para ir (y con esperar me refiero a decir “uh, tengo que ir al baño, bueno, voy en un rato” y después olvidarme), cuando realmente mi vejiga no aguanta más, es ahí cuando voy. Cualquier ser humano con mínima instrucción sabe que esto es una aberración para el cuerpo. La vejiga se acostumbra y no avisa, o sea, solo sentís ganas de hacer pis, cuando ya estas casi al punto de mearte y entras en la cuenta regresiva. A mí me pasa eso, y elabore una especie de danza inconsciente donde mis piernas se mantienen entretenidas y evitan que moje mis vestiduras… Si, un desastre. Ojo, no me pasa muy a menudo, pero me he meado de grande, lo confieso. No está bueno.

Ah claro, ahora resulta que soy un asco, porque mandarse un pedazo gigante de comida caliente es re normal y civilizado!!!!!! Dale que seguro que con esa estabas de acuerdo…

No hay comentarios:

Publicar un comentario