
-Tratar de aprender a andar en patineta después de los 16 años. Ya decirle patineta al “skate” es no pertenecer en absoluto a la era de la patineta. ¿Por qué hay gente que insiste en ponerse en esa situación ridícula de intentar hacer algo tan difícil? Andar en patineta no es como andar en bici, porque tiene el plus de andar con onda que es excluyente. Uno puede andar en bici así nomas o saber truquitos, pero subirse a una patineta y andar sin gracia, es al pedo total. Si andar sin gracia demanda miles de caídas y horas de intentarlo, imaginate para hacerlo encima con onda… No va, si ya no sos un pendejo, no está justificado que andes por la calle haciendo el ridículo, aborta la misión.
-Seguir intentando ir al gimnasio cuando uno sabe que no es para uno. Otra vez te mentís, te anotás, te calzas la joggineta y vas. Una vez ahí te empezás a acordar por qué no vas nunca, y te das cuenta que sos la única persona que esta vestido con ropa que también usarías para pintar tu casa si fuera necesario. Uno no tiene pinta de gimnasio, porque no es de gimnasio y punto, así que no te importa y decís “ma si, no voy a dejar esta vez. Vengo con esta joggineta que parece cagada porque es lo de menos, yo vengo a hacer ejercicio”. Mmmm, ¿posta? si arrancás con la bici y a los diez minutos te relojeas en el espejo y estas más rojo que un tomate de huerta orgánica, y todos sabemos que es porque prescindís del ejercicio, porque te embola y no corres ni el bondi… Bue, igual la seguís remando, porque no querés abandonar el primer día, así que pasás a la cinta. Todo genial, pero tenés que bajar. Claro, para ellos que están acostumbrados es fácil pero para vos es más fácil bajarte y sufrir un accidente que caminar los primeros 4 pasos sin marearte. Así que, ahorrate esos 4 meses de cuota en los que vas a ir abandonando lentamente. No vas a cambiar ni un centímetro de cuerpo en tan poco tiempo y con tan poca constancia.
-Esto daría para largo, pero en pocas palabras: Te enganchás con el Che Guevara y en cuanto empezás a salir, querés que se afeite la barba. Es el colmo del masoquismo y abarca a la totalidad del universo femenino. Te encanta que sea tan misterioso, pero después te rompe soberanamente las pelotas que no te conteste cuando lo llamas. Te encanta que sea tan tierno, hasta que se convierte en un meloso. Te encanta que se interese por vos, pero no querés que te invada. Lo peor de esta situación es que la vimos venir pero otra vez pensamos que “esta vez” no iba a pasar. Blablablá, después nos dicen que las mujeres somos jodidas, ¿nada más? Se podría decir que las minas tenemos una especie de doctorado en temas de sufrimiento autoinflingido agravado por la profecía auto cumplida. “Este me va a cagar”…. ¿entonces para que seguís? ¿Para qué después decir “yo sabía”?
Y ahora, una personal.
Sé que lo mejor para descansar bien es tomarse el tiempo para “bajar” un poco, bañarse, ponerse el pijama o lo que sea que uno use para dormir, hacer el ritual que a uno le plazca (mirar una película, leer, ponerse cosméticos, y todas esas cosas…), meterse en la cama y dormir. Pero no, yo el 70% de las veces me reúso a todas o alguna de ellas.
El caso extremo es dormirme en el piso del living… si si, en el piso, o en algún almohadón. Lo fundamental es que si me despierto de noche, me sigo quedando ahí… No tan extremo seria dormirme sobre la cama, pero con la ropa así como vengo del día, incluido el calzado. Y una situación que es casi inevitable pero estoy tratando de cambiar es: aun sabiendo que cambié las sabanas y tengo los pies sucios “me da fiaca, me baño mañana”. Si, horrible, ya sé… lo estoy intentando...
Al día siguiente soy una muerta viva, dolor de cuello, malestar y mucho pero mucho malhumor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario